Eterea

La brisa nuevamente a rodeado tu menudo cuerpo con esta fragancia a fantasma traviesa y revoloteas por todos los resguardos de mis reconcomios haciéndolos ceder. Y tu creyendo ser nuevamente inquebrantable, ligera te aglutinas entre mis brazos que son tan torpes para comprender tu etéreo cuerpo, haciendo la impericia de mis extremidades crepitar tu diáfano ser.
Ahora déjate volver a ver que ya he adiestrado mis brazos, mi tacto con la intimidad de una espiga, insoluble como tu cuerpo.

Fue un jueves, abril 22, 2004

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Reziklario