Una tarde para el Buk
Camino, fluyo entre personas, nadie ve, me siento muy bien así. Dos cuadras rectan frente a mis ojos, y en ellas, autos.
Llego al boulevard, me detengo frente a la puerta y miro de reojo si encuentro algún afiche sobre lo que se ha organizado hoy. No hay nada. Putamadre, tendré que entrar a buscar información. Camino y pienso: Tal vez hoy venga, puede ser que la encuentre y hacerle ver que no soy un mentiroso, que nunca le mentí, solo trate de decirle que yo no se nada de ella, y que si ella miraba a todos con cara de repugnancia, que hacia conmigo, con este repugnante ser que soy yo. No vino. No recuerdo cuando deje de pensar.
No lo he notado y ya llegue, miro, es un pequeño auditorio, el sitio esta desierto, me detengo y leo los afiches que están en una suerte de periódico mural. Mi primer contacto con Bukowski, antes de que empiece lo preparado por algunos “poetas” y entusiastas.
Me gusta observar mucho, no me gusta ser visto, y al parecer me descubrieron, mi expresión me delato. Son dos personas, siento que se acerca presurosa una de ellas, al instante lo veo y la silueta del otro, lo reconozco es “El Lacra”, la otra persona no la conozco, pero me parece agradable, veo sus ojos. Siempre veo los ojos. Un afiche para el joven reclama “El Lacra”, yo me siento un poco intimidado, simplemente quiero estar solo, la chica de los ojos bonitos se me acerca, y puedo oler su suave aroma. La vuelvo a mirar, y ella observa, y sus ojos denotan una excitación, un pequeño oscilar de sus pestañas, un movimiento de cejas y me da un papel.
Han estado quietos un par de segundos. Yo no he dicho palabra desde que se acercaron. El, se arma de entusiasmo: Ella va a leer unos poemas. Levanto la mirada, trato de hacer una mueca, no me sale muy bien, solo un dobles de labios y una sonrisa fingida. Me detesto, aún no aprendo a fingir. Quiero decir muchas palabras, quizá sea lo mas correcto, quizá no, y prefiero callar, se miran y callan, este silencio ya me llego a hartar. Comienza a las 6, 6:30 o más tarde pregunto. Se vuelven a mirar y la de los ojos bonitos sonríe, a las 6:30. Yo voy a leer unos poemas, ya vienen los otros chicos, que leerán también.
Más silencio.
La sigo observando. No se por que lo hago. Van a pasar un Video sobre su vida, dice. Me enderezo y miro con mucha fuerza. Me desconcierto. Sonríe. Yo me avergüenzo, no debí mostrar tanto interés. Gracias. Me marcho con la vergüenza de haber sido tan obvio.
Salgo por caminos que ya no conozco, me siento perturbado, las palabras y expresión de la de ojos bonitos pululan en mi mente, me pierdo. Estoy en la puerta, ya no la oigo; no la veo. La olvide, y con ella la vergüenza.
Solo es un recuerdo.
Miro el asfalto, meto las manos al bolsillo de mi pantalón. Cojo mi celular y este suena; no respondo.
He llegado a empellones a un refugio, un lugar que me aleje de esto. Encuentro un Pinball, no lo pienso y me zambullo entre sus sonidos y luces. Me voy a quedar aquí, esperare la hora.
Ha pasado mucho tiempo, he jugado dos veces, y las dos perdí. Salto de pinball a pinball, de calle a calle. El tiempo se estanco, el minutero ha quedado inmóvil.
Me incomoda esta espera. Salgo, camino rápidamente, ya no veo, solo reacciono, empujo y pateo. No tengo tiempo para ir esquivando personas. Ya no.
-¿A dónde vas?- me dicen
Vuelvo los ojos y observo. Me callo.
Tiene su pipa en la mano, es algo caricaturesco, harto de fumar sus ojos son líneas que no encuentran espacio para albergarse a ellos mismos.
Caminamos, prende de su pipa, aprovecho de ella y la meto a mi boca, la hierba cruje, el humo me da una buena impresión.
Hemos caminado la misma avenida muchas veces, idas y vueltas, avance y retroceso. Me imagino entonces el apuro por saber noticias de un parto. Mi pipa que hace parir mis ideas, se ha pasado el tiempo así.
Llegamos al auditorio, ya empezó, la película esta dispuesta y todos se sirven de ella, me sentare a saber mas de ti, BUK.
(lunes, agosto 16, 2004)
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