Son estos momentos en que los días prefiero olvidar
En que me despierto sábado por la mañana y me acuesto domingo al amanecer
En que un 24 es una premonición y un 25 es un olvido
Empiezo a beber el sábado para acabar un domingo
Termino un día en que empiezo a vivir
Con los ojos rasgados
Con la panza marchita
Con ideas estallantes
Y el deseo de vehemencia de una noche culminada
Son ahogadas en una acera, golpeadas, estrujadas.
Así
Camino ebrio sobre los pasos alejados de mis horas pasadas
Con la angustia de haber vivido
Un desafuero absurdo e irrevocable contra la vida
Así, así es tomar, siempre un absurdo

Reziklario