El Cemento

Me volví a salir del renglón, una línea delgada, delgadísima que me delineaba, mejor dicho delineaba mi camino (¿Pero cual camino?). Que difícil es decir que me caí por no seguir las reglas, por ir con pasos de embriagado (¿será así como se debe decir, no será ebrio la palabra indicada?); decía que iba con pasos enclenques por la avenida arequipa, entre la ciclovia y el pasto, de aquí para allá, manejando mi cuerpo delgado y pesado, cruzando las piernas, la izquierda hacia la derecha y la derecha hacia la izquierda, sucesivamente, mientras mi mente simulaba una larguísima cuerda en una gigantesca carpa de circo, y yo en esa cuerda floja me balanceaba, caía al pasto y recobraba en seguida mi postura de malabarista. Nadie me ve, no hay aplauso, solo oía el ruido de los micros, una especie de sórdida estridencia, que pronto sucumbió, rompiendo mi imagen en el acto, acercándome mas a la capital y haciéndome caer de rodillas, con el rostro inmerso en el cemento, frió y vació, enfrascándome en mi soledad.
Me repongo lentamente contradiciendo al cemento que me abraza, que me sujeta del hombro, que me envuelve en su ensimismamiento, no puedo hacerlo. No quiero arrancarme de el, no quiero olvidar mi relación con este frió compañero, lo recuerdo, lo quiero abrazar y vuelvo a caer, con los brazos tendido para envolverlo con el deseo de mi sangre y licor que se esparce lánguidamente.

1 Comentarios:

Anónimo dijo...

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Reziklario