Inexistencia clara

Inexistencia clara, paisajes modernos de una locura pasada,
dos caminos que se bifurcan frente a mis ojos.
Una experiencia que muere en el rincón de mis anhelos (pero ahí estoy).
Los patios se acercan y doy un paso a la vez,
un ramillete de muertos clavados en el medio de cada espacio (de cada paso).
Un suicidio colectivo,
una disociación de pensamientos
obscenos y frenéticos cubiertos de iracundos mensajes


La imagen retuerce mis formas visibles y atormentan mis imágenes presentes, ahogándolas en un charco de llanto. Los tormentos presentes son pensamientos pasados, recuerdos inexistentes en mi vida que regresan en forma de imagen sin haberlo vivido.
Llanto, dolor.
No logro explicar mi vida sin antes hundir este cuchillo que tantea mi corazón, detestare infiltrarme entre los terrenos de mis muertes (imágenes muertas, pasadas), pero no tengo de otra, es el camino que he de elegir, la opción de recorrer estos obscuros pasadizos que se sumergen entre mis instintos, mis ganas de morir y vivir, mis deseos de inmortalidad, entre mis recuerdos pasados (imágenes muertas, pasadas). Me dejare sumergir (hundir entre pasadizos obscuros).
Llanto, dolor
El brillo de este sol, una capital gris. Un cielo denso que pierde peso en la negrura de la noche, invitación a mi primer ritual con el destino y la luna en lo alto. Llena me mira y yo a ella, siento su forma envolverme entre susurros citadinos y embrujos medioevales. Me dejo llevar, envolver. Y una costra que sangra recuerdos me vuelve a impregnar de… sensaciones. Una línea cruza verticalmente por mi sien, roja se diluye con las primeras gotas de lluvia formando pequeños océanos rojo-sangre. El recuerdo que se cuaja entre imágenes presentes como una charca barrosa en mi frente. Ahí estoy cubierto de fango, recuerdo.
Llanto, dolor.
Una carroza que se ve en recuerdos, entre niebla y lluvia y también llanto, y recuerdo cuando viví, morí. Cuando la costra no era más que herida abierta, llaga libre a los rayos de la luna, afluente de sangre y pundonor que erigía en su lugar una imagen más fuerte que las atroces (imágenes muertas, pasadas. Más aun que de las que ahora tengo recuerdo). El cuchillo ha alcanzado… Ya siento como cada latir se impregna más y más. En cada palpitar se entierra el frío metal y se humedece con mi sangre. Ultima línea que desata horrores. Ultima imagen que recordare cuando viva. Y esta pagina-blanca tiene escrita mi vida con sangre, delgadas líneas brotaran de mi corazón. Una lucha, una derrota, volveremos otra vez a la unidad genérica de un mismo ser, terror y horror, sangre que cruza mi sien, cuchillo enterrado. Todo en mil vidas, Una y otra vez.

Reziklario